Suspiro. Mantengo la mirada fija en el espejo. En mí. Mi pierna en el aire tiembla como una gelatina. En mi mente sólo está en elevarla más. Yo sé que puedo hacerlo. Aunque sienta que el cansancio me puede vencer. Por mis sienes recorren gotas de sudor, siento un leve cosquilleo entre mis pechos. Otra gota más. Mi espalda está mojada y los músculos de mis piernas y pantorrillas están calientes. Mantengo la mirada fija en el espejo, mis mejillas son tan rojas como una manzana jugosa.
Mi profesora da una indicación y el ejercicio ha terminado por hoy. La clase de ballet fue exhausta pero eso es lo que me gusta. A los cuatro años entro a una pequeña escuela cerca de mi casa y me enamoro totalmente del ballet. Con él puedo expresar todo lo que siento a través de los movimientos corporales. El dolor me gusta y no me importa que mis dedos de los pies sangren por las zapatillas de punta.
En cada baile saco lo que me carcome por dentro y depende de mis estados de ánimo como el baile de La máscara del zorro el tango, lo pude disfrutar al máximo. Durante una parte se expresa tristeza y yo lo bailé en ese momento cuando recordé que se separaron mis padres bueno en realidad nunca se casaron. Los veinte años que estuvieron juntos vivieron en unión libre. A los dos primeros años decidieron tenerme. Su hija que por decisión de mi madre me llamaría Itzel y de mi padre: Elizabeth en honor a su hermana menor.
A los siete años de edad, en el 2000, le ruego a mis padres para tener una compañía, la mejor elección sería una hermana. Con advertencias de limpiarla cuando hiciera del baño, cuidarla, bañarla, me agarraría mis cosas o me jalara de los cabellos a mí no me importó así que mis padres hicieron muy rápido la tarea y por hermana me dieron a Alda Julissa.
Alegre, la característica que me define. Me gusta reír a carcajadas y sentir mi estómago reventar. Lágrimas correr por mis mejillas y que la gente voltee cuando me río –aunque me digan que parezco guacamaya- sentir mis hombros levantarse una y otra vez al ritmo de mi voz y al final un gran suspiro que concluye al dibujar una sonrisa en mi rostro.
Pienso en todos los logros que he tenido hasta ahora, a los 10 fui a una gira artística a un pequeño pueblecito de Guerrero que pudo conocer el ballet. En cada presentación de nuevo las gotas de sudor no se hacen esperar y con el clima caluroso característico de este estado, mi cuerpo se empapa de mi gusto y amor por el baile. En los periódicos, la televisión por radio éramos una gran eminencia la gente nos recibió con los brazos abiertos y puede conocer aún más la palabra humildad.
Amo a mi familia: a mis padres que me han dado una muy buena educación, me ayudan en la cuestión económica, me dan su amor, cariño y comprensión. Soy muy habladora y en la pubertad hablaba aún más. En la secundaria mi profesor Mario de Cívica y ética me pidió que fuera a conseguir cinta canela porque ya no me aguantaba. El dolor fue cuando me la retiró de la boca aunque fue un buen método de depilación.
A los catorce entré al CCH sur donde pude conocer el ser libre. sin tener un prefecto como en la secundaria que me obligara a meterme a mis clases, sin nadie que me dijera qué era lo que tenía que hacer y aunque esa no fue mi primera opción hoy digo que fue lo mejor. Pude ser más responsable. Con bastantes áreas verdes y ardillas comer a mi lado el CCH creció con migo en mi forma de pensar y de actuar. Después pude meterme a gimnasia artística y pertenecer al equipo del Sur.
Nuevamente por mis sienes recorren gotas de sudor, siento un leve cosquilleo entre mis pechos. Otra gota más. Mi espalda está mojada. Volteo hacia las gradas y aún no han llegado mi familia ni mis amigos. La competencia da comienzo: son los Intra CCH´s. Durante la competencia me desenvuelvo perfectamente. Tengo miedo. Tengo nervios. La primer prueba de salto de caballo la con 9.5 de calificación. En la viga soy la única en no caer y en la prueba de “manos libres” la disfruto en cada salto, en cada vuelta de carro y en cada splits.
El resultado: cinco medallas de oro, una de plata y una de bronce. El CCH sur turno matutino ha quedado en segundo lugar y donde mi participación destacó y sobresalió de las demás. No puedo creerlo. A los siguientes días me entrevistan y salgo en la gaceta en primer plana. No puedo creerlo. Me siento como un pavo real al extender sus plumas. Soy tan feliz.
A los diecisiete entro a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Siento un hueco en el estómago. Nunca me imaginé que iba a ser difícil la universidad pero he adquirido muchos conocimientos y sobre todo a tener el hábito de la lectura. Me llena de emoción cuando pienso en el día de mi graduación, en la satisfacción de terminar una carrera. Sé que falta tempo pero lo importante hasta ahora es pasar el semestre.
Gracias a Dios no he experimentado el sufrimiento a causa de la muerte sólo cuando mi abuelo materno falleció a causa de un infarto y por tantos años de ser fumador activo. Su diabetes se le complicó y lo vi desvanecerse cada día a tal grado que no podía sostener ni un vaso con agua. Su memoria también fue afectada y un día se iba a escapar de la casa.
Amo ir en cada fin de año con mi familia paterna a Jalapa, Veracruz. Ir al parque y jugar sin importar ensuciarme o caerme. Mi vicio son los chocolates y la pizza de pepperoni. Me gusta cantar cuando me ducho y tratar de cantar ópera en mi casa. Cuando siento por mis sienes recorrer gotas de sudor, un leve cosquilleo entre mis pechos que es otra gota más y mi espalda mojada sé que es una señal de esfuerzo y que puedo continuar mi vida, aunque el cansancio sea grande he tenido una vida plena, feliz y que aún tengo muchas más cosas por vivir.
Liz Gómez
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