Entonces al fin probó el orgasmo. La sensación la hace estremecerse y sus sentidos se avivan a lo largo de ese instante. Su aroma es agradable y la textura aún mejor. Ella se olvida de los problemas que tiene, del tiempo y espacio para disfrutar del todo su orgasmo. Nunca antes ha probado una experiencia similar, sin duda son sus mejores vacaciones.
Termina. Se encuentra satisfecha pero no por mucho tiempo ya que desea aún más, quiere ahora algo más exótico. Levanta su mirada y ve los ojos de su marido, toma su mano y está helada, él también está contento pero quiere seguir. Deciden juntos probar ahora la de víbora de cascabel. Sí, otra nieve más. Éstos son algunos de los sabores exóticos de la Feria Nacional de la Nieve en Santiago Tulyehualco en la delegación de Xochimilco al sur de la ciudad de México.
En la plaza Quirino Mendoza cada año en la calurosa Semana Santa se lleva a cabo esta reconocida feria. Donde los sabores de las nieves tradicionales como limón, mango, mamey, fresa, chocolate, durazno, zarzamora son hechas con fruta natural y sin ningún tipo de conservadores. De hecho por eso se caracteriza esta feria donde la tradición sigue viva, desde 1529 fue instituida por Fray Martín Valencia.
Los precios son muy accesibles, desde cinco pesos se puede disfrutar de estas ricas nieves de las cuales, al gusto de cada persona, se les vierte mermelada casera. Y también las personas se llevan a sus hogares por litro la nieve. Se pueden pedir en barquillos o en las tradicionales “Marías” con más bolas de diferentes sabores de nieve.
Se deciden por la de víbora de cascabel una de las nieves más exóticas y pedidas por la gente. Dicha nieve no tiene su título como metáfora, literalmente trituran dicha serpiente para combinarla con azúcar y hielo. Y como ésta hay nieves de nopal, aguacate, cerveza, tequila, mole, frutas secas, nescafé, ferrero rocher, pétalos de rosa –que es muy buena par la digestión-, chicle y orgasmo que es una mezcla de cerveza, pulque y tequila.
Terminan su nieve de víbora de cascabel, les duelen los pies de tanto caminar. El calor se manifiesta a tal grado que las personas ignoran los múltiples puestos de comida ya que además de nieve hay variedad de alimentos en la que predominan los antojitos mexicanos. Cada puesto da una cooperación al patronato que va de mil a mil 500 pesos dependiendo del tamaño de éste y lo que se vende, ya que hay a la venta ropa, micheladas, recuerditos, retratos, pinturas y otros artilugios. Sin olvidar los 25 pesos de la vigilancia.
Hay mucha gente y apenas si pueden caminar, tienen la paciencia de esperar su turno para pasar: porque también en los pasillos hay vendedores ambulantes que ofrecen una gran variedad de peluches, muñecos, pulseras y hasta peines para el cabello. Una vez más ella toma la mano de su esposo, la encuentra cálida. Se dirigen a la explanada principal, enfrente de la Coordinación, hay un gran baile de danzón, las personas bailan al ritmo de la música y todo esto lo gozan durante los diez días que dura la feria.
Después de unas cuantas piezas de baile de la Sonora Santanera, risas por ver bailar a las demás personas y borrachos tambaleándose al caminar, ella tiene antojo de otro orgasmo pero su pareja le propone ir a los juegos mecánicos. Emocionada acepta la propuesta retándolo de subirse al más peligroso juego. Deciden subirse al dragón: una montaña rusa donde niños gritan y ríen sin ninguna pena. También por aquí hay mucha comida, a ella se le antojan unas papas fritas y su hombre satisface otro de sus antojos.
Poco a poco el sol se oculta y las personas no dejan de abundar, al contrario, llegan aún más por los grupos de música anunciados en el pueblo y por supuesto para probar las frías golosinas. Una de las despachadoras del puesto La Nevería: Los güeros bromea a su compañero de trabajo y le grita: “¡Órale mi chavo apúrate a mover el bote!”, todos a su alrededor ríen discretamente mientras el trabajador adquiere en su rostro un color carmesí de la pena. Y sí que es muy importante que meneen el bote de la nieve porque así conservan la consistencia de ésta, aparte de que le agregan sal al hielo que se encuentra en el segundo bote para que no se derrita tan rápido.
Es así como se daba en la Nueva España algo diferente ya que durante la feria solamente los sacerdotes gozaban de este rico producto o bien, quien tuviera 20 semillas de cacao para pagar, en esa época era muy caro el precio. Saborear una deliciosa nieve era muy tardado y con muchos sacrificios físicos, desde ir por la nieve a los volcanes hasta que la nieve estuviera en un punto exacto para degustar. Hoy, ya no es necesario todos esos procesos y las personas pueden hacerlas con hielo industrializado.
Pasan de las once de la noche y los puestos aún siguen abiertos, la música a un alto volumen, personas bailan sin cesar, hay quienes prefieren sólo tomar cervezas y observar, y no por nada México ocupa el primer lugar en obesidad pues la gran variedad de comida tiene un alto nivel de carbohidratos y lípidos.
Las mesas de futbolito se llenan de gritos de desesperación y otros de exaltación por un grupo de señores cuarentones y a un costado el toro mecánico hace girar a una chica despeinada por tantos movimientos bruscos, sus piernas se ven tensas pues no han dejado de apretar al bovino para no caer a la colchoneta.
Al fin cae al inflable y su esposo tiende su mano para ayudarla a levantarse. Ella se ve cansada y la transpiración de su sudor ha llegado a que se refleje en las enormes manchas circulares en sus axilas. Se besan y al separarse reta a su esposo y le dice: “¿Listo para tu próximo orgasmo?”
Liz Gómez
No hay comentarios:
Publicar un comentario